Guardianas, un viaje a Malcata

Guardianas, un viaje a las tradiciones de Malcata

Viajamos a Portugal, a una aldea a 368 kilómetros de Madrid donde nos esperó un fin de semana diferente

Traspasar desde España una frontera, cambiar de país, de idioma, de costumbres… Frenar el ritmo:

Respirar.

Ver.

Sentir.

Oler.

Degustar.

Este es un viaje de fin de semana de un grupo de mujeres a una aldea portuguesa llamada Malcata, del mismo nombre que la Sierra que la rodea. Antes de llegar, nos encontramos con el preludio de los campos salmantinos hasta que un cartel a un lado de la carretera indica que cruzamos La Raya, entramos en la región de Beira de Portugal.

Una sucesión de pueblos portugueses nos dan la bienvenida: Aldeia da Ponte, Alfaiates, Soito y Quadrazais. Pasamos por un puente el río Côa, la carretera se estrecha y sin darnos cuenta se adentra en la naturaleza más salvaje que sólo encuentras en Reservas Naturales: bosques de castaños y encinas y matorral bajo ¿Veremos algún Lince Ibérico? Dicen que estás fueron sus tierras, pero en la actualidad no hay constancia de su presencia.

De noche llegamos a la plaza de Malcata, donde nos esperan nuestras anfitrionas portuguesas de la Associaçao Malcata com Futuro (Asociación Malcata con futuro) cuya misión es el fomento y la promoción del desarrollo social, cultural, ambiental y económico de la localidad. Y es así como 10 mujeres acabamos en este pequeño pueblo, para apoyar este proyecto con nuestra visita turística, sumergiéndonos en un fin de semana de tradiciones, artesanía y costumbres portuguesas en un ambiente ecológico y sostenible. Como si fuéramos las GUARDIANAS del patrimonio cultural de Malcata, en referencia al escritor Peridis.

Tengo que hacer una especial referencia al recibimiento de Teresinha, una señora mayor del lugar que vive allí desde niña. Nos dio la bienvenida con la mayor humildad y nos regaló la más grande de las sonrisas, resultado de unos ojitos pequeños brillantes que destilaban alegría por nuestra presencia “¡Forasteras! ¡Españolas y portuguesas! ¡Qué fin de semana más divertido!”, debió pensar. Y esa hospitalidad vecinal la agradecimos como un regalo, acostumbradas a los ritmos e indiferencia de Madrid.

Sandra, es una de las mujeres que nos acompañó durante nuestra estancia. Ella decidió vivir en el pueblo a pesar de trabajar a casi 50 km de él. Con su perfecto “portuñol” nos indicó dónde nos alojábamos cada una. Unas, en casa de los vecinos que nos acogieron con los brazos abiertos y nos prepararon las habitaciones alojándonos en sus hogares con las mejores comodidades; a otras, nos dirigen al único alojamiento rural del pueblo llamado Casa las Camélias, un coqueto alojamiento rural de dos habitaciones perfectamente equipado y que se puede alquilar por Airbnb.

Reunidas de nuevo en la plaza, conocimos a Isabel, una mujer que ha sabido reinventarse y volver a sus orígenes, regresando a su pueblo como artesana. En la zona aprendió a utilizar el bracejo, una especie de esparto que crece en la Sierra, y a hacer fantásticos objetos decorativos con él: bajo platos, cestos, joyeros, alfombras,… Ha creado la marca Brace´arte y pronto tendrá su artesanía a la venta online. A día de hoy, escuelas de diseño de Lisboa la llaman para enseñar a futuros diseñadores a utilizar esta materia prima. Estamos seguras que en el futuro veremos a nuevos artistas portugueses utilizando este elemento gracias a sus enseñanzas.

Desde ahí nos dirigimos, al salón donde nos íbamos a reunir todos los días entorno a una mesa con la más rica comida casera hecha con productos de cercanía típicos de la zona. Nos esperaba Maria José, una mujer que transmite una fortaleza increíble, y que iba a ser entre otras funciones, nuestra cocinera. Gracias a ella, probamos los platos tradicionales riquísimos a partir de recetas típicas portuguesas como caldo verde con chorizo, arroz de pato, sardinas y bacalao, pollo guisado y los postres: pudin, ensalada de fruta, compotas, filhoses, arroz con leche…

Escribió Fernand Point  que “no se puede cocinar bien si no se pone en ello el corazón, dado que, por encima de todo se trata de que reinen en torno a la mesa sentimientos de amistad y de fraternidad”. Os puedo asegurar que por lo sabroso que estaba todo, en esos platos se había puesto mucho corazón. Y no sé si fue por la comida, pero esos días en este grupo de mujeres distintas que sólo las unía su compromiso como guardianas nació una bonita amistad.

El sábado por la mañana, reunidas en el horno comunal del pueblo nos equipamos con delantales y gorros y nos dispusimos a aprender a hacer pan atentas a las indicaciones de Maria José, quien nos descubrió todos los secretos para que quede un pan perfecto. Recién horneado y crujiente acompañó nuestra comida en la plaza del pueblo. Estaba delicioso acompañando las ensaladas que hicimos con los tomates las zanahorias, patatas, calabacines, cebollas y lechugas que cogimos previamente en el huerto.

Por la tarde, mostramos nuestras dotes artesanales. Isabel nos tenía preparado un workshop en el que nos enseñó cómo trabajar el bracejo. En esta ocasión, hicimos un sencillo posavasos. Fue un momento muy divertido. Parece un trabajo sencillo, pero todo tiene su truco. Con el humor como impulsor, nos motivamos unas a otras y conseguimos terminar nuestros posavasos con el apoyo y guía de la artesana. Y es que ella es toda una artista, porque los grandes muchas veces no son los que más saben, si no los que mejor comparten su sabiduría.

Y llegó la noche, y si el viernes nuestras anfitrionas tras la cena nos sorprendieron con un auténtico concierto de fado en sus versiones Lisboetas y de Coimbra. En la noche del sábado, nos guiaron por un camino con las estrellas como protagonistas. Fue una experiencia increíble salir del pueblo, pasear en el silencio de la noche, mirar al cielo y descubrir una impresionante cúpula de estrellas.

El plan del domingo sacó nuestro lado más aventurero y deportivo. Subidas en cuatro por cuatros y a una furgoneta abierta detrás, entre baches y risas descubrimos la belleza de la Sierra de Malcata. Desde la torre de control de un forestal, el punto más alto, se divisaba la presa del pueblo y  kilómetros y kilómetros de paisajes, llegando a divisar hasta Guarda, cabeza de partido de la región.

Ataviadas con calzado deportivo, bajamos de paseo hasta el pueblo, disfrutando de la flora y fauna de la Sierra. Fue una mañana soleada y despejada, un baño de naturaleza que nos cargó los pulmones de aire fresco y sin contaminación antes de nuestro regreso a Madrid tras comer.

Nuestras anfitrionas nos tenían preparada una última sorpresa, antes de irnos nos obsequiaron con calabazas y tomates de huerto y nuestros panes elaborados por nosotras. Todas regresamos a Madrid felices, tras un fin de semana auténtico, en el que nos sumergimos en antiguas costumbres, aprendimos oficios y conocimos a personas increíbles que nos irradiaron con una pasión inconmensurable por unos valores que nacen desde el corazón de un pueblo llamado Malcata.

Esto demuestra que existe otro turismo, ecológico y sostenible, en el que te alojas en casas de vecinos con todas las comodidades de un hotel, te acercas a la más desgarradora belleza natural y aprendes tradiciones y formas de artesanía. Todo un alarde de pasión y hospitalidad el de los miembros de la Associaçao Malcata com Futuro en estos tiempos en los que en toda la península ibérica estamos sufriendo la despoblación de los pueblos, perdemos tradiciones, recetas y sobre todo experiencias.

¿Te animas como nosotras a ser GUARDIÁN o GUARDIANA? Es tu momento, te pasamos el testigo.

Para más información

Associaçao Malcata com Futuro

malcatacomfuturo@gmail.com

965 467 024

965 467 025

965 467 052

Brace´arte

isagmartins58@gmail.com

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